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Voces Oyster

¿Por qué es crítica la inclusión financiera para empoderar a las mujeres e impulsar la economía mexicana en 2021?

La Jefa de Personal de Oyster explica cómo un antiguo problema social en México está profundamente conectado con el machismo y cómo puede superarse.

inclusión Financiera Mujeres
Oyster 9 de abril, 2021

El Banco Mundial define a la inclusión financiera como “individuos y negocios con acceso a productos y servicios financieros asequibles y útiles que cubren sus necesidades -transacciones, pagos, ahorros, créditos y seguridad- de manera responsable y sustentable”.

Tener acceso a servicios financieros de banca personal y de negocios se da por sentado en muchas partes del mundo pero, en áreas rurales y a lo largo de América Latina, el acceso limitado a soluciones bancarias se mantiene como una barrera fundamental para alcanzar la libertad personal y la seguridad financiera, y limita la capacidad para ahorrar dinero de manera segura fuera de casa, enviar pagos, recibir depósitos y salir poco a poco de la pobreza hacia la independencia financiera.

La inclusión financiera es un problema arraigado desde hace mucho tiempo en México, en donde menos de la mitad de la población tiene una cuenta bancaria y siete millones de personas -cerca del 6% de la población del país- viven a más de 6 km de distancia del banco o cajero más cercano, de acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

“El concepto de inclusión financiera es aún más importante cuando se refiere a la situación de las mujeres en América Latina, en donde la violencia de género y la discriminación afecta rutinariamente la habilidad de muchas mujeres para salir de la pobreza y las lleva a contextos de vida peligrosos o abusivos”.

Inclusión financiera en México

El machismo aún existe en toda América Latina. El machismo es la idea de que la mujer es una persona de segunda clase. Fomenta normas tradicionales de género en las que el hombre trabaja fuera de casa y la mujer debe quedarse en el hogar, criando a los hijos y haciéndose cargo de las labores domésticas.

En su peor faceta, el machismo le cuesta la vida a las mujeres, una situación que sólo ha empeorado durante la pandemia: los feminicidios en México han aumentado un 7.7% en 2020 y probablemente continúen aumentando mientras el COVID-19 obligue a más mujeres a quedarse en casa con sus abusadores. En el mejor de los casos, esta mentalidad predominante limita el cómo las mujeres se comportan y piensan, además de evitar el acceso a su propio dinero y ni pensar intentar iniciar su propio negocio.

Las mujeres mexicanas que son lo suficientemente audaces para crear un negocio se enfrentan al sexismo y deben pelear para ser tomadas en cuenta. Ellas deben enfrentarse al acceso limitado a recursos esenciales (financieros o de cualquier índole) y la necesidad de equilibrar las labores domésticas y el cuidado de los hijos mientras se hacen cargo de su negocio. Esta brecha de género desemboca en una disparidad económica aún mayor entre hombres y mujeres que perpetúa el ciclo.

Cambiar esta dinámica ayudando a las mujeres a unirse a la fuerza laboral y volverse dueñas de negocios representa una oportunidad económica importante para México. Incrementar el número de mujeres en el ámbito laboral puede aumentar en 70% (800 billones) el PIB de México, según McKinsey & Company. Sin embargo, menos del 25% de los dueños de negocios son mujeres, y en América Latina sólo el 4.2% de los puestos de CEO’s están ocupados por mujeres. El COVID-19 únicamente empeoró la situación económica, ya que muchas mujeres perdieron sus empleos fuera del hogar por culpa de la pandemia.

Hacer más sencillo para cualquier persona la creación de una cuenta bancaria, sin importar si eres hombre o mujer, es una necesidad vital para incrementar la inclusión financiera en América Latina. Permitirles a los negocios ingresar de manera más rápida y sencilla a la banca hará que las ganas de emprender lleguen a personas con grandes ideas que, de otro modo, habrían renunciado a sus sueños.

Mujeres como Gabriela Contreras, la hija de una familia de panaderos que vivió en carne propia lo difícil que era mantener un negocio de este tipo y, en lugar de eso, decidió tomar un trabajo estable en Sam’s Club.

A los 48 años, inspirada por su hijo, Gabriela decidió terminar la preparatoria y aprender a programar en línea con el fin de lanzar su propio estudio de desarrollo dentro del próximo año; todo mientras hacía malabares con niños pequeños en casa y un negocio de ventas en línea al mismo tiempo.

Inclusión financiera

¿Cómo es que una mujer ocupada con la crianza de sus hijos y trabajando en tres empleos diferentes encuentra tiempo y energía para abrir una cuenta bancaria, aprender a programar y conocer lo suficiente sobre finanzas como para manejar su propio negocio y economía personal? Con coraje y determinación, seguramente. Si los neobancos pueden quitar una piedra más del camino de los emprendedores y les permiten enfocarse en lo que aman y no malgastar tanto tiempo en el banco, lo consideraremos un gran logro.

“Para difundir esta historia de éxito por toda América Latina, es fundamental desarrollar un ecosistema financiero más sencillo de usar tomando en cuenta a los emprendedores; uno que dé acceso a herramientas bancarias a los dueños de pequeños negocios y los apoye en lo que necesitan para darle vida a un negocio, hacer transacciones diarias y mejorar su vida y la de sus familias”.

Lo más importante es que, al apoyar la igualdad de género y la independencia mediante conocimiento financiero e inclusión, las mujeres estarán más empoderadas para hacer, mantener y disponer de su dinero para ser libres de tomar sus propias decisiones sin tener que arriesgarse de manera personal.

Al mismo tiempo, estamos posicionando de mejor manera a las mujeres para que sigan sus sueños emprendedores y se conviertan en una fuerza que impulse la economía mexicana en términos de creación de empleos y crecimiento del PIB en los próximos meses mientras, eventualmente, salimos del impacto de la pandemia.

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